Avances sociales en Colombia y sus perspectivas (III)

Ángela Fonseca Galvis durante su exposición en el seminario sobre Colombia.
Ángela Fonseca Galvis durante su exposición en el seminario sobre Colombia.

Por: Soraya Carvajal B.

La profesora e investigadora Ángela Fonseca Galvis reseñó los principales avances sociales vividos en Colombia en los últimos años, un país que pese al conflicto armado registra indicadores favorables en ciertas áreas, pero donde aún falta una fuerte apuesta para derrotar la desigualdad.

Fonseca señaló que actualmente más del 97% de la población colombiana tiene cobertura del régimen de salud, ha mejorado los resultados en vacunación y disminuido la mortalidad infantil. El número de niños con educación preescolar aumentó en un 72% en los últimos años, la pobreza cayó del 49,7% en 2002 al 30.6% en cifras de 2013, la clase media aumentó al 27.2% en 2012 y según el coeficiente GINI la desigualdad pasó del 0.57 en 2002 al 0.54 en 2012, aunque el país sigue siendo uno de los más desiguales del mundo.

Autora: Angela Fonseca
Autora: Angela Fonseca

Entre los factores que inciden en la evolución de la pobreza y la desigualdad en Colombia, la investigadora señaló que las transferencias (recursos que la Nación gira a las regiones) han contribuido a la reducción de la pobreza, pero el sistema de impuestos no es progresivo, falta educación de mayor calidad para todos y la cobertura pensional es escasa.

Fonseca explicó que los factores que restan eficiencia al sistema de seguridad social colombiano son la baja cobertura, la alta informalidad laboral y la evasión contributiva. Además la población de las zonas rurales tiene menor acceso a este tipo de programas y aunque la cobertura en salud ha crecido, los resultados en cuanto a calidad no son suficientes.

Sobre el sistema de pensiones la académica dijo que sólo el 30% de los trabajadores colombianos están afiliados al sistema de pensiones que cubre a un 60% de la población activa de altos ingresos y sólo al 20% de la población activa de bajos ingresos. Fonseca destacó que actualmente cerca del 80% de los afiliados al sistema de pensiones percibe entre 1 y 2 salarios mínimos mensuales y que éste sistema no es redistributivo ni progresivo, porque mucha gente de clase baja nunca logra pensionarse pues la inestabilidad laboral y los períodos de carencia se lo impiden. “Esto  se traduce en que los menos favorecidos terminen entonces subsidiando a las clases altas (…) Además, la informalidad en el empleo se acerca al 50% de los trabajadores”.

Autora: Angela Fonseca
Autora: Angela Fonseca

Fonseca afirmó también que, aunque el país ha tenido avances en cuanto a crecimiento e inversión, el gasto social -cercano al 15% del PIB- aún es muy bajo. Además, Colombia aún padece la mala calidad de sus instituciones, muchas de ellas marcadas por la debilidad y las prácticas corruptas, y el estado está muy centralizado.

“Colombia tiene cerca del 38% de población vulnerable, es uno de los países más desiguales de la región y del mundo, donde el quintil más rico de población sigue poseyendo casi el 60% de la economía (…) Los programas de transferencia social como “Familias en acción” o los dirigidos a los adultos mayores han ayudado a mitigar la pobreza, pero en el país hay mucha fragmentación y superposición de programas, la cobertura neta en educación no ha mejorado significativamente en la última década y el desempleo, especialmente entre los jóvenes de 14 a 28 años, es muy alto”.

Al avistar el posible final de un conflicto armado que ha dejado casi 6 millones de desplazados internos desde los años 80, la investigadora afirmó que el potencial acuerdo de paz del Gobierno, con las FARC y el ELN, significará un aumento del PIB, la desconcentración de la propiedad, un menor gasto en defensa y la posibilidad de un mayor gasto social.

Finalmente Fonseca señaló que entre los retos del post-conflicto estarían la recuperación socioeconómica de la población desplazada, pues el 63% está en situación de pobreza y el 33% de pobreza extrema; la reinserción de los excombatientes a la sociedad y al mercado laboral; la reparación para las víctimas, fortalecer el estado y aumentar su presencia en todo el territorio y fortalecer las instituciones.

Colombia: Requerimientos para el desarrollo y el crecimiento (II)

Por: Soraya Carvajal B.

En el seminario sobre Colombia César Ferrari, profesor e investigador de la Pontificia Universidad Javeriana, hizo un completo análisis sobre la estructura productiva del país y su panorama en materia de ahorro, inversión y competitividad.

En su exposición Ferrari señaló que Colombia tiene un ingreso per cápita promedio reducido (aproximadamente 8,000 dólares) que representa una quinta parte del ingreso promedio en el mundo desarrollado. Además, el índice de concentración del ingreso es muy elevado pues, según el índice GINI, el 10% más rico de la población colombiana acumula el 41,9% del total del ingreso, mientras que el 10% más pobre acumula sólo el 1.1% del ingreso.

Para Ferrari la apuesta por la producción de commodities, que generan muy poco empleo, la falta de rentabilidad de los sectores transables (agricultura, manufactura, turismo interno) y el hecho de que el país ocupe el décimo puesto entre aquellos con la peor distribución de ingreso en el mundo, explican en buena medida el grave conflicto social del país, que sumado a los conflictos agrarios y medioambientales (por agua y minería ilegal) entorpecen el crecimiento y la equidad.

“Actualmente Colombia tiene el 10% de la población desocupada y el 35% sub-ocupada, de manera que la economía colombiana solo genera empleo, con un sueldo razonablemente decente para el 55% de la población”, afirmó Ferrari.

El académico señaló también que la caída de los precios internacionales de las materias primas, que actualmente afecta a la economía y la fuerte desindustrialización que vivió el país, donde el sector manufacturero bajó del  20.6% en 1990 al 13% del PIB en 2014, explican también la fragilidad de la misma. “Mientras China exporta el 94% de sus mercaderías en manufacturas, de las que un tercio corresponden a alta tecnología, sólo el 0.5% del total de las exportaciones colombianas son Tics”. El país vive entonces un proceso de re-primarización económica, aumento del sector servicios y desbalance comercial, porque las importaciones han crecido más que las exportaciones.

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Autor: César Ferrari

Ferrari afirmó además que la economía colombiana vivió una revaloración cambiaria porque las divisas procedentes de la venta de materias primas, privatización de grandes empresas públicas y endeudamiento del sector privado en el exterior, incidieron en el auge del mercado inmobiliario y en la bolsa de valores.

“Sin embargo, las tasas de interés crediticias, elevadas por la ineficiencia de los mercados de crédito y los precios de competencia monopolística en sectores como las comunicaciones -de los más caros del mundo- generan problemas de competitividad en el país, aunque esta situación está cambiando últimamente gracias a una regulación mayor”.

Ferrari dijo también que aunque en los últimos años el crecimiento de la economía colombiana ha sido aceptable, este crecimiento siempre ha sido inestable, volátil, debido a las fluctuaciones de los precios internacionales. Por eso, la caída en los ingresos por la exportación de materias primas, la menor recaudación de ingresos fiscales, la devaluación cambiaria, que se traslada a los precios domésticos y afecta la inflación, han incidido en la desaceleración de la economía, intensificado el desequilibrio fiscal en el país.

Como aspectos valorables Ferrari reseñó que el país tiene enormes posibilidades de desarrollo en sectores como el agrícola (39% de área agrícola) y que actualmente la industria manufacturera comienza a crecer. Sin embargo, en su opinión, Colombia aún tiene que resolver el gran escollo de la competitividad, porque ser productivo y rentable y para ello es necesario crear una nueva política monetaria, fiscal y regulatoria, desarrollar infraestructuras, crear economías de escala, aumentar las tasas de inversión y ahorro, penetrar en mercados internacionales, entre otros aspectos.

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Autor: César Ferrari

Colombia, desarrollo y crecimiento económico (I)

Economía1Por: Soraya Carvajal B.

Colombia es un país donde en los últimos años se han dado avances importantes en materia de inversión, pero también, es una nación con grandes problemas estructurales que bloquean el desarrollo y bienestar para sus cerca de 48 millones de habitantes, esta fue la principal conclusión del seminario sobre Colombia celebrado en el marco de la Cátedra de América Latina, en la Pontificia Universidad de Comillas, en Madrid.

En el evento, Gonzalo Hernández, Director del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana, señaló que entre las razones que están limitando  el desarrollo económico del país están la dependencia del contexto externo y las fallas de coordinación.  Este académico asegura que la economía colombiana, al igual que todas las latinoamericanas, ha estado expuesta a variables externas -como los términos de intercambio-, que determinan y condicionan los precios del petróleo, carbón, café y níquel, productos que representan el 60% de las exportaciones del país.

Hernández afirma además que otro factor a tener en cuenta es que Colombia no tiene poder de negociación en los mercados internacionales y su economía, basada en buena medida en la exportación materias primas (commodities), se está viendo afectada por la caída del precio internacional del petróleo, amenazando su tasa de crecimiento.

Y es que, el que el país no se viera afectado en mayor medida por la crisis financiera mundial y los ingresos obtenidos gracias al auge en los precios internacionales de las materias primas fueron claves para que en la última década en Colombia disminuyera la tasa de pobreza del 49% al 25%, aumentara la clase media y se redujera la pobreza extrema de un 73% al 27%.

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Autor: Gonzalo Hernández

Sin embargo, el investigador asegura que en el país siguen existiendo muchas asimetrías que dificultan un desarrollo generalizado y que explican que, por ejemplo, las zonas que registran mayores niveles de pobreza estén localizadas en la Costa Pacífica y en la zona Caribe, muy lejos de la capital del país, que tiene los mejores registros. De igual manera, Colombia no ha cerrado la brecha respecto a los niveles de ingreso de la población y ha avanzado poco en materia de redistribución del ingreso y la riqueza, muestra de ello es que el 20% de la población más rica del país concentra el 58,3% del ingreso total y la concentración económica ha ido acompañada de la concentración del poder político.

Hernández indicó también que las principales debilidades de la economía colombiana  obedecen a problemas en instituciones, innovación e infraestructura y afirmó además que una política monetaria conservadora (y por tanto la tasa de cambio) ha condicionado la economía, haciendo que hoy el país tenga buenas reservas, pero, paradójicamente, se siga endeudando y hoy la de deuda pública colombiana alcance el 38% del PIB.

“Ante la crisis de las materias primas, actualmente el PIB colombiano está creciendo impulsado por el sector servicios que, aunque genera empleos, no tiene mayor relevancia en materia de productividad.  Además el sector de las manufacturas sólo representa el 13% del PIB colombiano, mientras que, en el ámbito internacional el 60% del comercio mundial corresponde a bienes intermedios”, aseguró Hernández.

Por todo ello este investigador es enfático en señalar que el país necesita un cambio estructural, que contribuya a incrementos de la productividad en cada sector de la economía, que haga una apuesta fuerte por la industria, que posibilite encontrar un balance entre la absorción laboral y la productividad e implemente políticas monetarias y fiscales eficaces.

Austeridad y democracia, los dilemas de Europa

Wolfgang Streeck
Wolfgang Streeck, sociólogo y Director emérito del Instituto Max Planck para Estudios Sociales

Por: Soraya Carvajal B.

“La austeridad no está funcionando. La austeridad no lleva a la competitividad ni a la prosperidad, por el contrario, está debilitando la economía europea”, afirma con decisión Wolfgang Streeck, reconocido sociólogo y Director Emérito del Instituto Max Planck para los Estudios Sociales, quien recientemente participó en el seminario “Dilemas de Europa: las políticas de austeridad y la construcción de la democracia europea”, organizado en Madrid por el Museo Reina Sofía.

Streeck, señala que la política monetaria de la Unión Europea implica un régimen común impuesto a las economías nacionales, donde cada vez es más evidente que tratar de cambiar desde afuera, imponiendo reglas, no funciona. Por eso asegura que “es necesario restaurar cierta clase de flexibilidad en el sistema europeo, alguna clase de dignidad (….) pues incluso las enormes transferencias no han reducido las enormes disparidades entre las regiones ricas y pobres de los distintos países”

Para este destacado académico, Europa vive la dicotomía entre capitalismo y estructuras sociales,  entre solidaridad y  control, por eso la pregunta clave es ¿cuánto control están dispuestos a aceptar los países del sur respecto a los del norte?

Streeck afirma también que otros de los debates vigentes, pendientes de resolver, se centran en ¿cómo manejar las diferencias nacionales en el marco europeo?, ¿cómo manejar la dicotomía entre diversidad y unidad en un contexto de respeto? o ¿cómo dar prioridad a la cooperación en lugar de la coerción?

“Ante la pregunta de si la austeridad está funcionando, la respuesta pragmática es que esta no es una buena idea, no está funcionando, es una situación insana. Teniendo en cuenta las realidades de los distintos países, creo que necesitamos otra herramienta adicional frente a la política de unidad monetaria europea, una herramienta más flexible, por eso una solución monetaria y un tipo de cambio fluctuante puede ser la respuesta”.

Streeck sostiene que el actual sistema monetario europeo, en el que el euro funciona como el patrón oro, está asfixiando la economía, especialmente de los países del sur. Por eso propone un sistema alternativo en el que el euro podría continuar siendo la moneda común, pero donde coexistan otras monedas nacionales, relacionadas con el euro mediante diferentes tasas de cambio, las cuales podrían fluctuar un 15% al alza o a la baja respecto a la tasa fija. Para Streeck, este patrón debería ser apoyado por el Banco Central Europeo, que daría crédito a los bancos centrales nacionales a fin de proteger el tipo de cambio y teniendo en cuenta que el acceso al crédito es crucial para las economías.

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Streeck durante su exposición en el Museo Reina Sofía

Respecto a las voces que señalan que la economía alemana es el camino a seguir, Streeck tiene una perspectiva crítica, pues asegura que su país depende mucho de las exportaciones a los mercados extranjeros y esa es una situación nociva. “Alemania exporta entre el 70 y 80% de su producción, esto hace al país realmente vulnerable, pues depende de las exportaciones al resto del mundo y aunque en este momento los alemanes piensen ‘nosotros somos los ganadores’, la preocupación principal es cómo proteger la producción alemana, porque todo depende del sector exportador: los empleos, el consumo local, etc.”

Frente a la negociación de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión -TTIP (acuerdo de libre comercio e inversión entre Estados Unidos y la Unión Europea), Streeck señaló que en Alemania también es percibido como un proceso que mezcla dominio, estado de derecho, democracia, recelos y secretismo, que, en su opinión, parece estar en línea con la pérdida de empoderamiento de los estados frente a los intereses privados.

Finalmente el académico señaló que es imposible resolver los problemas europeos sin pensar en el contexto global y reafirmó que desde su perspectiva el capitalismo, entendido como ese sistema de maximización de los beneficios y del progreso colectivo sin límites, seguirá en deterioro por largo tiempo, hasta que un nuevo sistema se instale.

Sanidad, ante el reto de conciliar ética, eficiencia y gasto racional

Por: Soraya Carvajal Barona

Entorno a la reforma sanitaria (Real Decreto-Ley 26/2012) impulsada por el gobierno y aprobada por el Congreso de los Diputados el pasado mes de abril se sigue generando una álgida controversia que involucra derechos, eficiencia y presupuestos.

La norma especificó la condición de “asegurado”, determinó retirar la tarjeta sanitaria a las personas inmigrantes en situación irregular desde el pasado 1 de septiembre, estableciendo que quienes deseen recibir atención sanitaria deberán pagar una especie de seguro médico, aunque aún no se ha reglamentado claramente la forma y el coste; incluyó el copago farmacéutico y de algunos servicios en función de la renta; determinó la puesta en marcha de un plan para impulsar los medicamentos genéricos, entre otros aspectos.

En el debate se han escuchado las voces del gobierno argumentando que la medida busca garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud, ahorrar y combatir el turismo sanitario;  de las ONGs que señalan que la norma traspasa una línea roja en materia de derechos humanos y bienestar, al limitar el derecho a la salud de algunos de los colectivos más vulnerables de la sociedad; del Tribunal de Cuentas que presentó un informe sobre las irregularidades en las prestaciones sanitarias a ciudadanos europeos y de otros países con los que España tiene convenios sanitarios y que afectan gravemente el erario público; de los profesionales sanitarios, muchos de los cuales se han declarado objetores de conciencia, negándose a acatar la norma y de miles de ciudadanos que se han manifestado en las calles o foros en contra de las medidas.

Para aportar en este debate Icuestiona entrevistó a Antonio D.G*, médico Latinoamericano, que trabaja en el servicio de urgencias de un hospital de la costa del Levante y quien, dada su situación de extranjero, nos presenta una mirada particular acerca de la sanidad española y su ejercicio cotidiano.

Foto tomada de Economía y Finanzas

¿Cómo evalúa la Reforma Sanitaria que entre otras medidas, el pasado 1 de septiembre retiró la tarjeta sanitaria a las personas inmigrantes en situación irregular, argumentando el ahorro de 500 millones de euros para el Estado y el combate del turismo sanitario?

A.D.G: Es un problema bastante complejo, pero hay suficiente información que nos puede decir qué es lo que va a pasar. Los inmigrantes que no tengan acceso a la tarjeta sanitaria y a la atención primaria, bien sea porque se encuentren en situación irregular o porque se queden sin trabajo, perdiendo su permiso de trabajo y por tanto la tarjeta sanitaria, por Ley pueden ser atendidos en los servicios de urgencias y eso es lo que va a pasar, pues aunque existen vacíos jurídicos en torno a los costes y formas de cobro, la gente va a acudir y el sistema de urgencias se va a colapsar, y desde el punto de vista económico creo que el gasto que no se hará en prevención, a través de la atención primaria, se hará a través de urgencias.

En segunda medida  creo que la reforma sanitaria no aborda otros aspectos importantes. En mi experiencia de 5 años trabajando en servicios de urgencia en España he visto que en el sistema sanitario hay un nivel de desperdicio de recursos que no había visto en mi vida, probablemente porque en mi país se trabaja con menos recursos  y hay mayor conciencia respecto al gasto, pero aquí la situación es distinta, a diario veo que en los servicios de urgencias se desperdician grandes cantidades de elementos, se coge material de curación en gran cantidad, como si fuera papel de cocina; se destapan medicamentos y se tiran si no eran los que en principio se creyeron necesarios, se tiran ampollas, jeringas, agujas, cánulas venosas que no se utilizaron, aún sin haberlas contaminado y aunque sé que es por seguridad, también sé que con un protocolo adecuado en el uso del material se podría ahorrar, pues aunque muchos elementos cuesten 30, 50 céntimos ó 1 euro, ese gasto puede sumar miles de euros al año en un solo hospital y si eso se multiplica por toda la red de hospitales, a nivel nacional, se hablaría de millones de euros.

También es verdad que hay elementos mal diseñados, pues por ejemplo, se tiene que destapar un paquete completo de apósitos aunque se vaya a utilizar sólo uno, mientras que en mi país se trabaja con apósitos de tamaños específicos, acordes con las heridas y el personal de enfermería que es muy sensible en este sentido, porque se cuenta con recursos limitados, de manera que un material no se abre si no se está seguro de que efectivamente se va a usar.

El asunto clave es que aquí falta racionalidad en el gasto diario y no se trata de que el personal hospitalario “quiera desperdiciar”, se trata de que muchos servicios de urgencias por la forma en que están diseñados, mal gastan recursos, porque los protocolos de seguridad lo exigen, pero creo que si se hicieran unos protocolos más racionales se podrían conciliar la seguridad y el ahorro. Además se debe crear conciencia acerca de utilizar sólo lo necesario,  de ser consciente de que los recursos se acaban y esto lo digo porque, por ejemplo, es común ver que para limpiar una herida el personal mete la mano a la caja hasta sacarla llena de gasas, aunque no las vayan a utilizar todas.

¿Cuáles son los riesgos de que se retire la asistencia sanitaria a los inmigrantes indocumentados?

A.D.G: El paciente que no tenga acceso al nivel primario de asistencia sanitaria y que por ejemplo tanga  una tos, tendrá que esperar a que a ésta se le sumen mucosidad, fiebre, dificultad para respirar, etc, para que lo atiendan en urgencias, entonces se pasará de una patología banal a tener pacientes con patologías complicadas que se presentarán en urgencias y serán atendidos, porque teniendo en cuenta la objeción de conciencia los atenderemos. En ese momento ya será un paciente con complicaciones, con necesidad de un ingreso hospitalario y probablemente con la necesidad de medicamentos costosos que antes, si se le hubiera atendido en primaria, no serían necesarios; además es probable que la gente quede con secuelas por un estado de salud más delicado.

Pero otro aspecto que debemos tener en cuenta es que la inmigración no es gratuita, tiene una historia, y la que se dio en España estuvo basada en que el país necesitaba mano de obra barata y se permitió que mucha gente viniera, sin embargo ahora con la crisis se consolida el discurso de que esas personas no deben consumir los recursos de los españoles, recursos que en muchos casos ayudaron a construir, porque no podemos olvidar que muchos de quienes ahora se encuentran en situación irregular son trabajadores que a raíz de la crisis han perdido sus permisos de trabajo y por tanto su acceso a la tarjeta sanitaria.

En general esta medida afectará a las personas que por su misma situación de indocumentación, desempleo y pobreza  son más vulnerables

Se tiende a decir que los inmigrantes, especialmente extracomunitarios, usan y abusan de la sanidad, ¿qué tan cierto es esto?

A.D.G: En mi recorrido he encontrado a personas indocumentadas que acudían a urgencias para que se les atendiera por cualquier cosa, con el propósito de quedar registrados y tener un documento del hospital que les permitiera demostrar su estancia en España, a fin de solicitar el permiso de residencia por arraigo, pero también he visto casos de personas que fueron contratadas desde sus países de origen y que una vez aquí no fueron dadas de alta en la seguridad social y no tenían la tarjeta sanitaria, así que ante una enfermedad tenían que acudir a urgencias. Pero más allá del origen de la persona, creo que la tendencia a abusar de los servicios de urgencias se debe a la noción generalizada de que si en el centro de salud no me resuelven el problema que tengo, entonces me voy al servicio de urgencias de un hospital.

¿Cuál es su opinión respecto al turismo sanitario?

A.D.G: A diario veo el turismo sanitario, sobre todo en el verano, y especialmente por parte de ciudadanos de la Unión Europea, incluso muchos vienen asesorados desde sus consulados o embajadas, saben lo que tienen qué hacer o llegan con todos los trámites hechos para acceder a la atención sanitaria y que les hagan determinadas intervenciones, de prótesis de cadera, reemplazo valvular o cirugías mayores que tienen costes muy altos.

También se da el caso de gente que prácticamente se baja de un avión y viene al hospital diciendo que la enfermedad le apareció súbitamente, aunque es muy raro que un paciente tenga una patología crónica y no la conozca previamente, especialmente en un país desarrollado, o que alguien se dé cuenta de pronto que tiene cirrosis, porque a esa situación no se llega de un día para otro. Y aunque existe el recobro, también es cierto que algunos de los países de origen de estos pacientes desestiman ese recobro.

¿Desde su experiencia cómo está afectando la crisis al sistema de salud y a su labor diaria?

A.D.G: La calidad de los elementos que se utilizan hoy ha bajado, hemos visto un cambio en el nombre de los proveedores del material e instrumental médico con el propósito de ahorrar, pero comprar barato no es necesariamente sinónimo de ahorro,  pues  por ejemplo los catéteres de canalización de las vías que antes utilizábamos funcionaban muy bien, no se acodaban, no se atascaban y ahora es más frecuente que fallen y si uno se tapona hay que utilizar otro y otro, pinchando nuevamente  al paciente y generándole malestar, así que lo que se ve como un ahorro inmediato no lo es.

Además, nos han pedido que en todos los casos posibles recetemos medicamentos genéricos, que en España son de muy buena calidad, y aunque podemos prescribir los medicamentos con el ordenador o la libreta, generalmente los médicos formulamos a través del ordenador donde la mayoría de los medicamentos cargados en la base de datos son genéricos.

Pero, en mi caso no he visto ningún otro tipo de restricción, aquí se practica una medicina muy defensiva, de manera que cuando el paciente entra al hospital se le hacen las pruebas necesarias con tal de prevenir o detectar complicaciones.

Hacia dónde cree que va el modelo de gestión de la sanidad española?

A.D.G: Yo trabajo en un hospital del sistema público y de gestión privada y creo que ese será el modelo que imperará en los centros. En este modelo la remuneración del personal sanitario se divide entre una parte fija y unos incentivos por productividad, los cuales dependen del número de pacientes atendidos, el tiempo que se tarde con cada paciente y la necesidad o no de la intervención de otro especialista en el proceso.

Creo que este es un buen modelo que ha permitido que la atención mejore, porque también he visto otros modelos muy ineficientes donde se atendían pocos pacientes y con desidia, pero también es cierto que el pago de incentivos por productividad es un arma de doble filo porque no se puede desconocer que hay médicos más interesados por mejorar sus ingresos que por los pacientes, pocos pero los hay, y en este caso puede ser difícil trazar la línea del trabajo ético y con eficiencia.

¿Ha vivido usted algún tipo de discriminación por parte de los pacientes debido a su procedencia?

A.D.G: He visto de todo. Hay pacientes españoles a los que les gusta el trato de los médicos latinoamericanos  porque nos encuentran más cálidos, interesados por el paciente o menos conflictivos, pero también he escuchado insultos grotescos por mi nacionalidad, y hasta amenazas de muerte en momentos complicados, aunque en este caso creo que ha sido más por la frustración que se presenta en situaciones de estrés como las que se viven en urgencias. Sin embargo aún me cuesta entender que se recurra a la nacionalidad o el origen de una persona para ofenderla.

También, en algunas ocasiones me he encontrado con gente que ha pedido que la atienda otro médico, porque no se fían de los profesionales extranjeros; gente que aunque no lo exprese de manera clara y directa, su lenguaje corporal sí indica que se siente incómoda porque no los atiende un médico español, o incluso hay gente que me ha preguntado cuándo va a venir el médico, aunque yo los esté atendiendo y tenga el fonendoscopio colgado del cuello.

¿Y en el sistema de salud?

A.D.G: Hace varios años se contrató a muchos médicos en origen, especialmente a latinoamericanos con la licenciatura homologada en España, aunque no tuviesen homologadas sus especialidades, pues había una necesidad muy grande en todas las áreas médicas, pero ahora, en medio de la crisis, las reglas del juego han cambiado y los médicos extranjeros que no han podido homologar sus especialidades están siendo despedidos, básicamente porque ya no los necesitan, no se está contratando a nadie que no tenga el MIR y nos encontramos con que mucha gente que cambió su proyecto de vida ante una oportunidad laboral, movilizando incluso a su familia se está quedando sin empleo.

En el entorno de trabajo mi experiencia ha sido buena, hay camaradería y se trabaja conjuntamente por los objetivos, pero cuando algo no va bien lo primero que sale a aflorar respecto a los profesionales extranjeros es “yo no entiendo por qué traen a esa gente”, así tú no hayas cometido el error, eso está ahí, guardado y esperando a florar y se pone en evidencia que en los momentos de crisis lo primero que sale no es la bondad, la solidaridad o el acompañamiento, sino la xenofobia; en los momentos de crisis se tiende a olvidar los aportes  que hemos hecho los profesionales extranjeros.

¿Qué opina de esas voces que dicen que los médicos extranjeros lo tienen más fácil para acceder a una plaza de médico interno residente (MIR)?

A.D.G: El MIR es una buena opción de evaluación porque sacas una nota y ocupas un puesto  y si los extranjeros antes ocupaban esas convocatorias era porque sacaban mejores notas, pero ahora ya no basta con sacar un buen puntaje en el examen, porque los extracomunitarios estamos sujetos a un cupo (8% de las plazas para la convocatoria 2012/2013), entonces se puede dar el caso de  que alguien se quede sin plaza, incluso sacando mejor nota que los médicos nacionales o comunitarios, porque actualmente entran en juego la nacionalidad, el baremo del expediente académico, que para los nacionales suele valorarse más alto que para los extranjeros,  la nota de corte y la nota obtenida en el examen, esas son las reglas del juego y aunque estoy a favor de buscar la excelencia, sería mejor si todos partiéramos en igualad de condiciones

*Omitimos el nombre real por solicitud del entrevistado