RSC, entre la ideología y la sostenibilidad (II)

Jornada "Activismo RSC", convocada por el Instituto Complutense de Estudios Internacionales y moderada por Helena Ancos.
Jornada “Activismo RSC”, convocada por el Instituto Complutense de Estudios Internacionales y moderada por Helena Ancos.

Por: Soraya Carvajal B.

En la jornada Activismo RSC, convocada por el ICEI, se hizo hincapié en que la RSC/RSE requiere un cambio de paradigma, contar con unos consumidores y una sociedad ilustrada, pasar del exceso de voluntariedad, que prima actualmente, a la gestión de impactos, al igual que dotarse de una estructura propia de gobernanza, para ganar legitimidad.

En el evento Francisco Cervera, economista y voluntario de Economistas sin Fronteras, aseguró que la RSC/RSE ha sido capturada por la ideología neoliberal y que, en términos generales, sólo se ha vestido la acción empresarial con el traje de la RSC. “Hemos llegado a la RSC del envase, es muy importante cómo presentar el discurso, las ideas, pero sin profundizar demasiado”.

Este profesional dijo además que, para que la situación actual cambie, es necesario democratizar el gobierno corporativo de las empresas; que la sociedad civil se implique en la RSE y que haya cambios de actitud enfocados a resistir, generar una RSC crítica, que cuestione todo y que aporte para construir una sociedad mejor.

Susana Ruiz, Responsable de Justicia Fiscal de Intermón Oxfam, señaló que si bien, las empresas son un factor de desarrollo, este desarrollo no puede ser a cualquier costa, pues debe haber una visión clara de los impactos sociales, en derechos humanos, en aspectos medioambientales y en cuanto a la contribución económica. Para la representante de Oxfam un modelo de sociedad se construye desde el modelo fiscal y “no puede haber responsabilidad social sin responsabilidad fiscal, pues ésta es un elemento fundamental del comportamiento y del compromiso de las empresas con las sociedades de todos los países donde operan”.

Ruiz aseguró además que el interés dominante en las empresas es la maximización de los rendimientos de cara a los accionistas y por ello se dan casos en los que las compañías aprovechan las fisuras de los sistemas internacionales y crean estructuras administrativas “con el único fin de reducir su contribución fiscal en los países donde operan”, de manera que no tributan ni en los países donde tienen su matriz, ni en aquellos donde operan. Ante esta situación, la representante de la ONG señaló que generalmente las empresas argumentan que estas actuaciones son legales “y la discusión entre legalidad, la responsabilidad y la moralidad nos preocupa porque es cierto que no podemos asegurar que todas esas prácticas son ilegales, pero sí hay una zona gris donde difícilmente podemos hablar de responsabilidad de las empresas”.

Para esta representante del sector social generar un cambio cultural en las empresas implica que éstas entiendan que la responsabilidad fiscal forma parte de su integralidad, de su compromiso con la sociedad. “Las empresas tienen que dar información clara y transparente sobre su política fiscal y crear estructuras corporativas más cercanas a la economía real”.

Según Ruiz, entre las dificultades que enfrenta Intermón Oxfam en este propósito están: que el sector empresarial entienda que un modelo de sociedad se construye desde la justicia fiscal, que es necesario pasar de la acción social al compromiso fiscal; superar el difícil acceso a la información de las empresas, debido a sus temores respecto a la utilización que se le dará a la misma; conseguir una mayor presencia e impacto en los medios de comunicación, para denunciar y hacer visibles las prácticas de las empresas y que el sector empresarial reconozca la legitimidad de las organizaciones sociales para estar participando en este diálogo.

Para Yolanda Román, Gerente de Asuntos Públicos de Inforpress, la RSC es una herramienta más de la gestión de los asuntos públicos de las empresas, de la forma como la compañía ejerce su responsabilidad política en el sentido amplio.

Según Román, el trabajo en RSC implica la decisión estratégica de trabajar desde la filosofía del diálogo, en un espacio social que cada vez es más complejo, buscando dónde se juega el interés general, para así conseguir un interés común.

“Es necesario asumir que el diálogo y el trabajo conjunto con distintas organizaciones es inevitable, es necesario contar con perfiles adecuados para negociar, con actores que puedan ejercer la labor de tender puentes, que cuenten con capacidad de interpretación de los diferentes lenguajes y narrativas”, aseguró Román, para quien, en el futuro, las iniciativas que tendrán verdadero impacto serán las que se desarrollen desde alianza audaces, “desde nuevas alianzas, que consigan construir, nunca desde la confrontación”.

¿Cómplices o agentes de cambio?

Por su parte Juan Villamayor, Director de Business with Common Sense, y uno de los impulsores del primer código deontológico de estos profesionales, afirmó que entre las responsabilidades del consultor en RSC/RSE están el trabajar para que las empresas sean permeables a la crítica y que incorporen esa crítica para cambiar su accionar, al igual que contribuir a un cambio de modelo, construyendo un nuevo paradigma que apueste por una forma sostenible y responsable de hacer negocios.

En opinión de Villamayor el consultor es un agente de cambio que, dada la actual crisis de confianza hacia las empresas, los bancos, los sindicatos, los políticos, las altas instituciones del estado, etc., ha visto limitada su capacidad de incidencia.

Este directivo considera que, para poder incidir en las empresas y en su manera de hacer negocios, el consultor debe ofrecer una visión crítica a las compañías, retándolas a pensar de otra manera y enseñándoles a ser empáticas; al igual que conocer sus grupos de interés y tener una conducta ética.

Para Villamayor el papel del consultor es empoderar a la empresa, “no hacer memorias para empresas que no tienen RSC, pues los consultores deben tener un compromiso ético, a fin de contribuir al bien común”.

Este consultor afirmó también, que las empresas tienen impactos y deben ser responsables no sólo de aquellos negativos, sino aumentando los impactos positivos. “El tema de la responsabilidad es muy importante y el consultor debe ser responsable, crítico y actuar como puente entre empresa y sociedad, teniendo en cuenta que el bien común es nuestro fin y que nuestras acciones condicionan cómo se ve la RSC fuera”.

Y es que las posiciones críticas hacia la RSC, por parte de los ciudadanos, también se manifestaron en el evento y en este sentido, Vicente Santiago, profesor universitario, afirmó que “la RSC vende humo, no se ve cómo se manifiesta, especialmente cuando entidades bancarias que son las causantes de la crisis hablan de RSC sin asumir sus culpas, su responsabilidad y sin siquiera hacer autocrítica (…) Se tiene que legislar, aunque España es un país donde se legisla pero luego no se cumple y creo que lo importante, además de legislar, es que se cumpla, se controle y se penalice. Además se requiere un sistema educativo que esté centrado en formar ciudadanos no consumidores”.

RSC, entre la ideología y la sostenibilidad (I)

Foto tomada de Blog RCySost Telefónica S.A.
Segundo encuentro “Activismo RSC”, realizado por el ICEI. Foto tomada de Blog RCySost Telefónica S.A.

Por: Soraya Carvajal B.

¿Qué papel juegan el lenguaje, los discursos y la ideología en el ámbito de sostenibilidad?; ¿Los actores de la Responsabilidad Social Corporativa- RSC/RSE actúan de acuerdo a la lógica del sistema que pretenden transformar?; ¿Cómo se está construyendo la RSC/RSE en las grandes empresas?, ¿La RSC está atascada en el gobierno corporativo?, estas fueron algunas de las cuestiones que se abordaron en la segunda edición del evento “Activismo RSC”, realizado recientemente por el ICEI, con el ánimo de abrir espacios de diálogo y aportar en la construcción de una gestión responsable de las organizaciones.

En esta jornada Mercedes Molina Ibáñez, Vicerrectora de la UCM, señaló que los paradigmas neoliberales dominantes han ocasionado situaciones de graves desequilibrios en todo el planeta, pues el mercado está marcando las actuaciones políticas y sociales. Por eso, para esta académica cada vez es más necesario un “buen gobierno nacional e internacional”, en el que los derechos humanos, ambientales y la sociedad en su conjunto sean protagonistas, y donde haya una gestión responsable.

Molina Ibáñez aseguró además, que para integrar estos aspectos y avanzar hacia un nuevo paradigma son fundamentales las políticas públicas, como incentivadoras o impositoras, “pues a veces se necesitan actuaciones que impongan igualdad”.

RSC/RSE en las grandes corporaciones

Antoni Ballabriga, Director de Responsabilidad y Reputación Corporativa del BBVA, afirmó que actualmente el sector financiero está mediado por tres grandes tendencias: pérdida de la dignidad social, más acentuada en los países desarrollados; la creciente regulación del sector y el cuestionamiento de la dignidad de la profesión. Por ello, este directivo considera que los retos más importantes del sector financiero son reconstruir la confianza y la reputación desde dentro.

Para Ballabriga el rol fundamental del área de RSC/RSE, dentro de la empresa, es ser el radar que traduce y prioriza la “inteligencia social” para que los directivos de la organización tomen mejores decisiones, que aporten valor a todos los grupos de interés. Por eso, este ejecutivo considera que el reto de los departamentos de RSC/RSE es conectar con quienes tienen la capacidad de tomar decisiones en las empresas “y para ello es necesario crear una narrativa potente que conecte y haga que los equipos directivos realmente interioricen que la sostenibilidad vale más que la cuenta de resultados”. Sin embargo, Ballabriga reconoció que ha habido falencias para crear esa narrativa y que esta es una tarea colectiva, “porque de lo que se trata en el fondo es de generar un cambio cultural, al máximo nivel”.

Por otra parte, ante el cuestionamiento debido a las malas prácticas en el sector bancario, el alto cargo señaló que no se debería meter a todas las entidades en el mismo saco, aunque reconoció que “en España no se castigan las malas prácticas y eso corrompe el sistema. La justicia es muy lenta y eso mina la moral y explica en parte la desafección de los ciudadanos”.

A su vez Alberto Andreu, Director Global de Asuntos Públicos de Telefónica, señaló que sí hay ideología en la RSC/RSE, “al igual que en todo, en la educación, la medicina, el estado de bienestar, etc.”

“Todas las organizaciones siempre quieren más, más mercados, más ingresos, más clientes menos costes y nuestro rol (de la RSC/RSE) es muchas veces poner las líneas rojas al más, ahí donde se roza el concepto de legitimidad…nuestra labor es de equilibrio”, añadió el directivo, para quien es claro que “la cultura del rendimiento rápido no es sostenible en el largo plazo”.

Por eso, para Andreu el reto de la RSC/RSE es pasar de gestionar principalmente proyectos sociales que, en su opinión, limitan este trabajo a cierto “efecto placebo” para apostar por trabajar en equipo y de manera transversal en las organizaciones, apuntando hacia la “ideología de la sostenibilidad” como objetivo, lo que implica un cambio social, cultural y de pensamiento. “Es mejor hablar de sostenibilidad y pensar cuál es la naturaleza de nuestro trabajo, nuestra función, pensar en qué se hace, para qué se hace y cómo se hace”, afirmó Andreu.

¿Existe la sociedad civil?

Para Ramón Jáuregui, Diputado del PSOE en el Congreso, en los últimos cinco años en España se ha producido una ruptura brutal del proceso de legitimación social de la política y los partidos, pero también de las empresas, especialmente por las imágenes que el mundo empresarial está dando como respuesta a la crisis, con abanicos salariales disparatados, utilización exagerada y abusiva de las leyes laborales para producir reducciones de plantilla, recortes, depauperaciones y devaluaciones del mundo laboral. “Todo eso está ahí y el camino que habíamos recorrido en la RSE ha sufrido una caída importante y la sociedad está haciendo razonables críticas al mundo de la empresa”.

Según este político, otro de los factores que afecta la construcción de la RSE es la confusión conceptual existente, pues la RSE está centrada en la acción social de la empresa y hay un abuso del marketing social de las compañías, lo que dista de la práctica real de la responsabilidad social.

Para Jáuregui otro escollo que enfrenta la RSE es que en España no hay una sociedad exigente, que premie y castigue. “La gente cree que aquí hay una sociedad civil fantástica y no la hay, una sociedad civil articulada, integradora, con capacidad de liderazgo, con entidad, sinceramente no la hay (…) cuando fallan los partidos y cuando las instituciones están sufriendo un desgaste enorme, una sociedad civil potente, impulsa, orienta, establece criterios, pero en España no la hay”.

El diputado afirmó además que actualmente se ha protocolizado el trabajo en RSC/RSE, pues las compañías han rutinizando sus esfuerzos y acaban subcontratando la elaboración de las memorias a una consultora, lo que de hecho evidencia la poca importancia que le dan a la RSC/RSE. Para Jáuregui otro de los fallos es que la RSE no ha permeado a la empresa, no es horizontal, ni responde a todos los planes de las compañías, por eso, considera necesario que la ley obligue a las empresas a cumplir en materia de RSE y especialmente en materia de derechos humanos. “Hay que hacer converger que la empresa necesita ser rentable y responsable”.

Para Jáuregui otra falencia clave es que, a diferencia del neoliberalismo, la RSE/RSC no se ha impuesto como una idea fuerza, no tiene notoriedad ideológica, soporte intelectual, ni es una idea que manejen los líderes. “¿La RSE tiene futuro?, sí; ¿tiene sinergias con los nuevos paradigmas?, sí; ¿queremos que las empresas sean agentes fuertes en el cambio social?, sí, pero en RSE está todo por hacer”, aseguró el diputado.

A su vez, Carles Campuzano, Diputado de CiU, señaló que en España hay un déficit de sociedad civil, de espacios de discusión y que además existe una desconexión entre la sociedad civil organizada con el resto de la sociedad, dado que no comparten intereses.

“Entre la universidad, que genera pensamiento, y la acción política gubernamental, legislativa o de control parlamentario, no hay espacios de intersección, no hay organismos que ayuden a generar pensamiento o que permitan tener espacios de discusión incluso entre posiciones ideológicas distintas y es ahí donde se prueba la calidad del sistema democrático (…) Además, la mayoría de los debates que se suceden en los medios de comunicación sobre los asuntos colectivos, tan sólo ayudan a generar ruido, no ayudan a generar pensamiento”.

Campuzano afirmó además que quienes, como él, han participado en el movimiento de la RSC deben hacer autocrítica porque “no hemos vinculado, incorporado la RSC a la visión de la gobernanza de las empresas”.

Este diputado aseguró además que cualquier aproximación seria acerca de la RSC debe asumir el debate acerca de la cuestión de los impuestos, pues la cuestión fiscal debería plantearse con toda la fuerza. En ese sentido, dio la voz de alerta al señalar que en algunas mesas de trabajo de la OCDE se ha discutido la doble ‘no’ imposición a las empresas, de manera que no tributen ni donde tienen la sede social ni donde ejerzan su actividad económica, desde la idea de que superar la crisis económica no puede pasar por subir los impuestos a las clases medias y a las empresas, porque eso termina acabando el sistema.

Otros escollos

Pedro Ortún, DG de Empresa e Industria de la Comisión Europea, aseguró que para fortalecer el debate en torno a la RSC es necesario implicar mucho más a los líderes políticos, sindicales, empresariales, de ongs, presidentes, consejeros, entre otros, para que asuman un compromiso público respecto a la RSC

Ortún señaló además que se necesita sensibilizar a los consumidores, inversores, administraciones públicas, empresas (como empleadores), ciudadanos, para que sean los principales motores de la RSC/RSE desde abajo, desde la base e incorporen en sus procesos de decisión interna todos los criterios de responsabilidad social.

Este directivo también hizo un llamado para que los medios de comunicación se impliquen más con la RSC pues, en su opinión, actualmente los temas de la RSC sólo son tomados con seriedad por parte de pequeños medios especializados y ninguno de los grandes medios de comunicación se ha implicado. “Si los medios de comunicación fueran mucho más responsables, podrían generar espacios de discusión y contribuir más a este debate”, dijo Ortún.

Para José Carlos González, Responsable Federal de RS, Inversión Responsable y Sostenibilidad en Comfia-CCOO, en gran parte de la RSE actual hay una fuerte ideología ultra liberal, una ideología que tiene que ver con las causas de la crisis. “Existe una RSE del ‘Tea Party’ que piensa que los sindicatos son una cosa anticuada y que habría que terminar con ellos, que cree que la política está de más y las grandes corporaciones podrían sustituir al Estado y que promociona la acción social mientras dinamita las políticas de bienestar”, afirmó el líder sindical.

Según González el sector empresarial español no quiere aceptar los nuevos conceptos de la RSE, definidos por las directrices de la UE. “Se está frenando la compra pública responsable, no se está implantando lo que se consensua a nivel político, hay demasiados obstáculos y uno fundamental es la falta de indicadores para orientar a las empresas (…) Los indicadores hablan de concreción, por eso es necesario contar con indicadores de retribución, de equidad, fiscalidad, que demuestren la apuesta fiscal de las empresas, indicadores de cumplimiento legal, sobre cadenas productivas, etc.”

Para este representante sindical en España se requieren una política fuerte en materia de RSE, contar con leyes fuertes y responsables que ayuden a trabajar en RSE, mejorar la representatividad de los grupos de interés y que haya diálogo entre empresas y sindicatos, porque en su opinión, en este momento no lo hay.