¿Puedes detectar una foto falsa en línea? Tu experiencia virtual importa mucho más que las pistas contextuales

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Por: Mona Kasra en NiemanLab

Versión original en inglés

Puede ser difícil saber si una imagen es real. Considere, como lo hicieron los participantes en nuestra reciente investigación, estas dos imágenes y vea si usted piensa que ninguna de ellas, o ambas, han sido alteradas.

Usted podría haber basado su evaluación de las imágenes sólo en la información visual. O tal vez tuvo en cuenta la reputación de la fuente, o el número de personas a las que les gustaron y compartieron las imágenes.

Mis colaboradores y yo estudiamos recientemente cómo la gente evalúa la credibilidad de las imágenes que acompañan a las historias en línea y qué elementos figuran en esa evaluación. Encontramos que es mucho menos probable que caigas en la trampa de las imágenes falsas si tienes más experiencia con Internet, la fotografía digital y las plataformas de medios en línea; si tienes lo que los académicos llaman “alfabetización en medios digitales”.

¿A quién engañan las falsificaciones?

¿Te han engañado? Ambas imágenes son falsas.

Queríamos saber en qué medida cada uno de los diversos factores contribuía a la precisión del juicio de la gente sobre las imágenes en línea. Hicimos la hipótesis de que la confiabilidad de la fuente original podría ser un elemento, al igual que la credibilidad de cualquier fuente secundaria, como las personas que compartieron o reenviaron las imágenes. También anticipamos que la actitud existente del espectador sobre el tema representado podría influir en ellos: Si no estaban de acuerdo con algo acerca de lo que la imagen mostraba, es más probable que lo consideren falso y, a la inversa, que lo real crean si están de acuerdo con lo que vieron.

Además, queríamos ver cuánto importaba si una persona estaba familiarizada con las herramientas y técnicas que permiten a la gente manipular imágenes y generar imágenes falsas. Estos métodos han avanzado mucho más rápidamente en los últimos años que las tecnologías que pueden detectar la manipulación digital.

Hasta que los detectives no se pongan al día, los riesgos y peligros siguen siendo altos por las personas malintencionadas que utilizan imágenes falsas para influir en la opinión pública o causar angustia emocional. El mes pasado, durante los disturbios postelectorales en Indonesia, un hombre difundió deliberadamente una imagen falsa en los medios sociales para inflamar el sentimiento antichino entre el público.

Nuestra investigación tenía la intención de obtener información sobre cómo la gente toma decisiones acerca de la autenticidad de estas imágenes en línea.

Que una imagen se parezca a una entrada aleatoria de Facebook o a una parte de una historia del New York Times no hace mucha diferencia. Pero su nivel de experiencia con Internet y la edición de imágenes sí.

Evaluando imágenes falsas

Para nuestro estudio, creamos seis fotos falsas sobre un conjunto diverso de temas, incluyendo la política nacional e internacional, los descubrimientos científicos, los desastres naturales y las cuestiones sociales. Luego creamos 28 maquetas de composiciones de cómo cada una de esas fotos podría aparecer en línea, tales como compartidas en Facebook o publicadas en el sitio web del New York Times.

Cada maqueta presentaba una imagen falsa acompañada de una breve descripción textual sobre su contenido y algunas claves y características contextuales, como el lugar particular en el que supuestamente aparecía, información sobre cuál era su fuente y si alguien la había vuelto a compartir, así como cuántos gustos y otras interacciones habían tenido lugar. Todas las imágenes y el texto y la información que las acompañaba eran fabricaciones, incluidas las dos que aparecen en la parte superior de este artículo.

Sólo utilizamos imágenes falsas para evitar la posibilidad de que los participantes se encontraran con la imagen original antes de unirse a nuestro estudio. Nuestra investigación no examinó un problema relacionado conocido como mala atribución, donde una imagen real se presenta en un contexto no relacionado o con información falsa. Reclutamos a 3.476 participantes de Amazon Mechanical Turk, todos los cuales tenían al menos 18 años y vivían en Estados Unidos.

Cada participante de la investigación primero contestó un conjunto de preguntas ordenadas al azar con respecto a sus habilidades en Internet, experiencia en imágenes digitales y actitud hacia varios temas sociopolíticos. Luego se les presentó una maqueta de la imagen seleccionada al azar en su escritorio y se les instruyó que miraran la imagen cuidadosamente y calificaran su credibilidad.

El contexto no ayudó

Encontramos que los juicios de los participantes sobre la credibilidad de las imágenes no variaban con los diferentes contextos en los que las poníamos. Cuando pusimos la foto que muestra un puente colapsado en una entrada de Facebook, que sólo cuatro personas habían compartido, la gente juzgó tan probablemente que fuera falsa como cuando parecía que esa imagen era parte de un artículo en el sitio web de The New York Times.

En cambio, los principales factores que determinaron si una persona podía percibir correctamente cada imagen como una falsificación fueron su nivel de experiencia con Internet y la fotografía digital. Las personas que estaban muy familiarizadas con los medios sociales y las herramientas de imagen digital eran más escépticas sobre la autenticidad de las imágenes y menos propensas a aceptarlas en su valor nominal.

También descubrimos que las creencias y opiniones de las personas influían en gran medida en la forma en que juzgaban la credibilidad de las imágenes. Por ejemplo, cuando una persona no está de acuerdo con la premisa de la foto que se le presenta, es más probable que crea que es falsa. Este hallazgo es consistente con estudios que muestran un sesgo de confirmación, o la tendencia de las personas a creer que una parte de la nueva información es real o verdadera si coincide con lo que ya piensan.

El sesgo de confirmación podría ayudar a explicar por qué la información falsa se propaga tan fácilmente en línea. Cuando las personas encuentran algo que afirma sus puntos de vista, comparten más fácilmente esa información entre sus comunidades en línea.

Otras investigaciones han demostrado que las imágenes manipuladas pueden distorsionar la memoria de los espectadores e incluso influir en su toma de decisiones. Así que el daño que pueden causar las imágenes falsas es real y significativo. Nuestros hallazgos sugieren que para reducir el daño potencial de las imágenes falsas, la estrategia más efectiva es ofrecer a más personas experiencias con los medios online y la edición digital de imágenes, incluso invirtiendo en educación. Entonces sabrán más sobre cómo evaluar las imágenes en línea y tendrán menos probabilidades de caer en una falsificación.

Traducción: Soraya Carvajal B.

La transparencia y la confianza en la era digital

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De izq a der: Eduardo Madina, de Kreab España; María Tadeo, de Bloomberg España; Julio Montes, de Maldita.es y Borja Bergareche, de Vocento.

Por: Soraya Carvajal B.

La transparencia tiene un valor decisivo en la creación de reputación y confianza, en la consolidación de la democracia y en el crecimiento económico, especialmente en la era digital. Esta fue una de las conclusiones de la tercera edición del Corporate Transparency Summit, celebrado recientemente en Madrid.

En el evento, donde se abordaron los desafíos y riesgos que la digitalización comporta para la sociedad y las corporaciones, Charlotte Erkhammmar, Ceo Global de Kreab, señaló que, con el incremento de la información y el notable acceso a la misma, cada vez es más difícil discernir entre información correcta y falsa, de manera que las fake news han llegado a ser, incluso, una amenaza para la democracia.

En este escenario, la dirigente de Kreab señaló que la comunicación puede cumplir un papel clave, contribuyendo a balancear la información negativa. También destacó la importancia de incrementar la transparencia en el sector corporativo, hizo un llamado a adoptar la tecnología (criptomonedas, blockchain y la inteligencia artificial) y afirmó que la transparencia está directamente relacionada con inspirar confianza.

Carina Szpilka, presidenta de Adigital, señaló a su vez, que la resistencia al cambio y la capacidad para estar en constante transformación e innovación, son los principales desafíos que afrontan las organizaciones de la economía digital.

Esta dirigente destacó la importancia de la transparencia en la gestión corporativa, asegurando que la transparencia no es el fin, sino el medio para obtener los objetivos corporativos y construir confianza con sus grupos de interés (accionistas, empleados, instituciones públicas, comunidades, etc.)

Szpilka, reivindicó, además, el alcance de “hacer las cosas bien y ser responsables en toda la cadena de valor” y recordó que “en España estamos perdiendo la oportunidad de aumentar el PIB entre un 1% y un 1,5% con la digitalización que conlleva, por sí misma, a la transparencia”.

Tecnología y transparencia

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Almudena de la Mara, cofundadora de Blockchain España, explicando esta tecnología y sus posibilidades.

En el encuentro también se abordó el papel que la tecnología y la transformación digital están desempeñando en relación con el cambio cultural y estratégico de las organizaciones empresariales y la administración pública.

En este sentido, Almudena de la Mata, co-fundadora de Blockchain España, destacó que esta tecnología es un disruptor que implica pasar de la “internet de la información” a la “internet del valor”; que puede suponer un cambio de paradigma económico y social, y tiene un enorme potencial para la generación de negocios, la inclusión y la transparencia corporativa.

Para esta profesional, blockchain contribuye a crear confianza gracias a la combinación de registros únicos (bases de datos), encriptado y distribución, mediante un registro único y compartiendo copias en tiempo real. De la Mata, asegura, además, que blockchain posibilita transacciones transparentes, seguras, inmutables, trazables y automáticas.

De la Mata afirma que blockchain tiene posibilidades de aplicación multisectoriales, cuenta con un enorme potencial de generación de negocios en sectores como monedas, contratos, patentes y activos, pero también tiene aplicabilidad en el sector de los medios de comunicación, dado que esta tecnología puede ayudar a luchar contra las fake news y a monetizar la propiedad intelectual, estableciendo los derechos como activos.

En el evento se abordó el auge de las plataformas digitales, entendidas como espacios comunes de transacción y como nuevos modelos de negocio basados en la generación de confianza, donde la valoración activa por parte de los usuarios reviste especial importancia.

También se analizaron las plataformas digitales como esos espacios que apuestan por construir y saber vivir colectivamente, pero, donde el control social queda diluido y la relevancia de generar confianza puede llevar, incluso, a la “dictadura de la reputación”.

En el encuentro, los expertos destacaron la creciente transformación digital y el desarrollo de modelos tecnológicos que permiten la compartición de datos en tiempo real y desestimaron la “demonización de los datos”, por sí mismos, aunque coincidieron en la importancia de saber quién los controla, quién puede acceder y hacer uso de los mismos y con qué propósitos.

En este sentido, los representantes de plataformas como Traity, Cabify, Consentio y Liliana Arroyo, investigadora y experta en transformación digital, expresaron que la transparencia no sólo se trata de poner los datos encima de la mesa, sino de explicar cómo se toman las decisiones, cuáles son los límites o barreras de las mismas, quiénes desarrollan los algoritmos, y reivindicaron la necesidad e importancia de la educación digital.

Medios, redes sociales y credibilidad

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Jack Werner hablando de noticias falsas, leyendas urbanas y sesgos de confirmación.

Finalmente, el evento se analizaron los cambios en el modelo de negocio de la comunicación, el proceso de transformación que están viviendo los medios de comunicación, al igual que los desafíos que implica todo el fenómeno de la posverdad y la credibilidad en la era de los algoritmos.

Así, Jack Werner, periodista, experto en fake news y cofundador de Viralgranskaren, advirtió acerca de las innumerables leyendas urbanas y noticias falsas que circulan a diario por las redes sociales.  Werner también hizo un llamado a las audiencias para que contrasten la información, hagan una lectura crítica de medios y redes sociales y reten sus propios sesgos de confirmación, es decir, esa tendencia a querer creer toda información que va acorde nuestra manera de pensar, independientemente de su veracidad.

María Tadeo, corresponsal de Bloomberg en España, señaló que, aunque actualmente la posverdad es un hecho indiscutible, la clave está en seguir desempeñando el ejercicio informativo con seriedad, rigor, pluralidad y contraste de voces y fuentes, porque “la verdad, como principio en el periodismo tiene que seguir ahí”.

Para Borja Bergareche, Director de Innovación Digital de Vocento, el principal problema no es que existan noticias falsas en los medios y redes sociales, sino la enorme velocidad y el alto volumen de información en la era de los algoritmos. “Puede haber algunos problemas en la producción, pero el problema nuevo está en la distribución viral, inmediata de la información, que ocurre en las redes sociales (…) Y en que, por los filtros burbuja, nos hemos dejado envolver en esos círculos de gente que nos miente”, precisó.

Polarización y rechazo a los medios de comunicación

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Por: Soraya Carvajal B.

En una época marcada por el apogeo de las tecnologías de la información, las redes digitales, las nuevas maneras de acceder a la información, el auge de las fake news, entre otros aspectos, conviene volver sobre la clasificación que Francis Balle hace en “Comunicación y Sociedad” (Médias e Sociétés*) sobre las percepciones, resistencias y variaciones de la credibilidad de los medios de comunicación, dada la vigencia de sus aportes.

Y es que en contextos marcados por un fuerte polarización política y social, el desapego, la distancia, la prevención, la desconfianza e incluso el escepticismo frente a los medios (tradicionales/digitales), sus contenidos y mensajes, crecen, especialmente entre las audiencias jóvenes, más conectadas, que a través de las redes suelen dejar constancia de no ser consumidores pasivos, de su disconformidad con los contenidos ofrecidos, cuestionando, subvirtiendo el orden o mofándose de los mismos, generando a su vez, enfrentamientos-espectáculo.

En “Comunicación y Sociedad” Balle sostiene que la influencia de los medios depende de lo que la gente hace, de lo que espera, de lo que obtiene o de lo que cree obtener de ellos, pero también depende de lo que piensa de los medios. Así, sostiene que la influencia de un mensaje sobre el público depende de la imagen que éste se haga del medio que soporta dicho mensaje y resalta que el poder de los medios cambia según las épocas o según los públicos, independientemente de sus características intrínsecas.

En su obra Balle también afirma que el rechazo, las reacciones inmunizantes hacia los medios son extremadamente variadas y abarcan un espectro que va desde la convicción, justificada o no, de la condición de todopoderosos de los medios, hasta una forma más atenuada de prevención que lleva a veces a investigar obstinadamente las segundas intenciones del autor de los mensajes.

Así, entre las formas de rechazo a los medios están:

1. Rechazo radical: Balle afirma que el drop out se asocia al rechazo radical a una cultura cuyos medios se encuentran bajo sospecha de ser los vectores privilegiados. (…) Es la actitud de aquellos, menos numerosos a partir de 1970 en las sociedades norteamericana y europeas, que decidieron ubicarse y vivir al margen de las estructuras modernas de la producción y el consumo.

2. El rechazo político: Refleja el rechazo a una sociedad política particular de la que se cree, con razón o sin ella, que les quita cualquier crédito a medios avasallados por los poderes establecidos y la censura, brutal o sutil, de sus funcionarios. En ese caso no hay prácticamente ninguna alternativa distinta de esa confianza más o menos ciega en los medios extranjeros o en los que, en el interior, son tolerados o clandestinos.

3. El rechazo moralizador: Es el rechazo a los medios que son denunciados alternada o simultáneamente por conformistas o irresponsables, acusaciones que a menudo se oponen, pues mientras unos reprochan a los medios por poner el acento sobre todo lo que no funciona (rupturas, conflictos, minorías), otros consideran que los medios son el aliado más firme de todos los “establishments”.

4. El rechazo institucional: Hace referencia al rechazo a un “cuarto poder” siempre dispuesto a suplantar, al menos, al poder Ejecutivo, el cual se halla desarmado frente al poder de los dueños de los medios. Verdadera o falsa, la idea según la cual los medios son todopoderosos, capaces de hacer creer cualquier cosa a cualquiera, termina por quitarles su influencia. A la inversa, la idea según la cual los medios no son el cuarto poder que se cree, expone todas las manipulaciones de los ciudadanos repentinamente desarmados y crédulos.

* Médias et Sociétés – Édition-Presse-Cinéma-Radio-Télévision-Internet – Montchrestien – 15e éd. – 2011 (ISBN 2-70-761702-4)

 

 

Información: ¿periodismo o espectáculo?

Por: Soraya Carvajal B.

“El ciudadano debe preguntarse ¿a quién beneficia aquello que nos están contando los medios?”, esa es la recomendación que da la veterana periodista internacional y ex corresponsal de TVE, Rosa María Calaf, al público asistente a la charla “Información ¿periodismo o espectáculo?”, en la que la reconocida profesional reflexionó sobre la necesidad de contar con un periodismo plural, independiente y riguroso, “que esté al servicio de la sociedad”, pero también sobre la necesidad de que los ciudadanos asuman su compromiso y sentido crítico frente a los medios de comunicación, pasando de ser consumidores dóciles a ciudadanos responsables.

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Rosa María Calaf

Para Calaf es claro que hoy, la gente tiene mayor acceso a la información que nunca antes, tanto que ésta llega a convertirse en una verdadera “avalancha informativa”, aunque no necesariamente se trate de información de calidad.

“¿Los medios de comunicación en las democracias occidentales son libres?, ¿están al servicio de la mayoría?, ¿al servicio del ciudadano?, ¿reflejan la realidad o la maquillan a conveniencia de los intereses?, ¿o incluso llegan a inventarla?. Bueno, pues la respuesta es no. Los medios tienen una serie de restricciones e intereses”, opinó esta periodista.

En este sentido, Calaf considera que actualmente hay una clara decisión de marcar una agenda, “de establecer de qué hablamos y de qué no hablamos, pues, se habla de algunos conflictos, que interesan por determinadas circunstancias y no de otros; se habla de algunos conflictos durante algunos días y después desaparecen de las pantallas o los diarios, Por ejemplo en el Congo hay una estrategia de violaciones masivas de mujeres, o niños trabajando en las minas y de eso no se habla porque no interesa”.

Calaf afirma que la información es clave para tomar decisiones y afirma que “desde el albor de los tiempos el no dejar saber es una forma de controlar, porque si no sabemos no podemos actuar, o, tomaremos decisiones equivocadas sin querer”.

Para la periodista es claro que actualmente prima el criterio de “contar aquello que está acorde con los intereses de unos grupos mayoritarios”. Por eso asegura sin ambages que “los medios de comunicación hoy se han alineado con el pensamiento único que busca construir un tipo de sociedad de consumidores, de sumisos que siguen unas pautas que son las que le convienen a ciertos sectores, no de ciudadanos que piensan, de ciudadanos libres que deciden teniendo los conocimientos necesarios para tomar decisiones adecuadas, que no vayan en contra de sus propios intereses”.

Esta destacada comunicadora asegura que “hoy en día, la política está supeditada a la economía y desde la política, en vez de controlar a los mercados, se les protege (…) y los medios de comunicación al alinearse con esa idea no buscan la excelencia informativa, sino hacer sinónimo de éxito el dinero, la posesión de cosas y bienes, cuando lo verdaderamente importante es la persona; pero se quita a la persona del centro de interés, poniendo en su lugar a los bienes materiales”.

Sobre la transformación de los principios y objetivos de los medios de comunicación, Rosa María Calaf afirmó que “en un principio, los periódicos, “la gran prensa” tenían los nombres de sus ciudades en la cabecera, porque había una voluntad de servicio a la comunidad, evidentemente eran un negocio que buscaba tener beneficios para reinvertir e ir mejorando sus operaciones, pero no estaban centrados en enriquecerse a costa del producto que estaban vendiendo (…) La prensa y los periodistas tenían esa vocación de servicio, pero todo eso se pervirtió en el momento en que empezó a entrar el gran capital a los medios de comunicación y éstos se convirtieron una empresa más de grandes grupos que tienen de todo, fábricas de neveras, cadenas de hoteles, fábricas de armas, etc., y la operación de prensa pasó a ser una operación más, que tiene como objetivos la cuenta de resultados, se pasa entonces a otro estadio en el que se tiene una intención clara de manejar el flujo informativo”.

Calaf también advirtió sobre el papel que la tecnología está cumpliendo respecto a los procesos informativos, señalando que “si bien, la tecnología es una herramienta muy poderosa de conocimiento, de acercamiento a los demás, de libertad, de creación de espacio de discusión, que no tiene límites, también tiene la potencialidad del desconocimiento, la mentira y la falsedad, tiene la capacidad de instalar el rumor”, por eso desde su perspectiva es fundamental tener en cuenta que “la tecnología hay que ponerla al servicio de los contenidos y no los contenidos al servicio de la tecnología, porque si no, corremos el riesgo de, como se ha dicho, morir por el mal uso de la tecnología”.

Rosa María Calaf afirma que no puede jubilarse del periodismo, porque para ella sería como jubilarse de la vida.
Rosa María Calaf afirma que no puede jubilarse del periodismo porque, para ella, sería como jubilarse de la vida.

En este sentido, la comunicadora afirmó que “Twitter, por ejemplo, es una herramienta fantástica, pero querer hacer creer que porque uno lee los tweets está bien informado, no es verdad. La información es algo mucho más complejo, tiene que estar contextualizada, confirmada, contrastada, saber de dónde procede, saber quien la manda, por qué y para qué (…) La tecnología consigue hacernos creer que estamos informados, cuando estamos es entretenidos o a lo mejor, “info-toxicados”, además en la red se juntan la acumulación de información con la rapidez y cada vez hay menos tiempo para pensar y reaccionar”

Esa rapidez es para Calaf uno de los peligros que acecha al periodismo pues en su opinión “en el periodismo ahora se valora más la rapidez, la inmediatez, que en el rigor, o sea que todo vale, se cuelga cualquier cosa, así no se haya podido comprobar completamente y eso es terrible y se agrava por la difusión rapidísima que tiene cualquier cosa a través de la tecnología”.

La periodista señaló además que “hay un informe del Instituto Pew que habla de la excelencia en el periodismo y por ejemplo dice que nunca ha habido tantos corresponsales en el Estado de Washington, sin embargo nunca ha habido tan pocas exclusivas y trabajos de investigación. Entonces cabe preguntarse: ¿esos corresponsales tienen los medios, el tiempo, la información y la exigencia del medio para que verdaderamente puedan trabajar y profundizar para contar las cosas con rigurosidad? Pues realmente no, porque actualmente prima buscar el impacto sobre lo que realmente importa”.

Por eso, ante la creciente información sobre corrupción que está surgiendo en España, “con tan pocas sanciones sociales”, Calaf hace un llamado para que los medios también hablen de la “crisis de valores” que subyace en estos comportamientos.

Ruedas de prensa sin preguntas
Respecto a la tendencia creciente entre algunas figuras del actual gobierno español, de realizar ruedas de prensa a través de una pantalla de plasma y sin preguntas, Calaf opina que “es terrible, es completamente intolerable, pero eso también tiene mucho qué ver con el nivel de la calidad democrática de los países, en los países que tienen la democracia más asentada, que tienen una tradición democrática más antigua, es más difícil que ocurran ese tipo de situaciones.

Para Calaf esta modalidad de ruedas de prensa “indican una falta del respeto por el ciudadano, porque el periodista es el intermediario entre unos y otros, el político se debe al ciudadano y por tanto tiene que contestar a las preguntas de éste y el ciudadano hace sus preguntas a través del periodista, por tanto, no contestar preguntas en las ruedas de prensa, o ni siquiera estar en presencia física para que puedan dejar en evidencia que te están preguntando y tú no has contestado, es dejar a los periodistas en un papel de simple comparsa y por supuesto tomar a la ciudadanía por tonta, pues se deja en claro que ésta no tiene derecho a explicación alguna”.

Calaf reiteró que por situaciones como éstas, cada vez es más necesaria una prensa fuerte, independiente y plural, que no falsee ni manipule la información, “pero infortunadamente cada vez más, los medios de comunicación se están dedicando a repetir los comunicados de prensa de las empresas y, muestra de ello, es que en este momento hay más periodistas trabajando en gabinetes de instituciones, partidos y empresas, “creando información”, que periodistas buscando información…son datos objetivos que indican que algo va mal en la salud del periodismo”.

Discursos y grupos de presión
Para esta veterana periodista es claro que cada día los discursos dominantes y los grupos de presión ganan más terreno. “Evidentemente hay una serie de “expertos” que quieren hacernos creer una serie de cosas, por ejemplo que “no hay alimentos suficientes en el mundo para alimentar a toda la humanidad”, cuando eso es mentira, lo que hay es una mala gestión de los recursos y muchos intereses, porque el que suba el precio de los cereales no tiene nada qué ver con las cosechas, tiene que ver con la especulación en la Bolsa de Alimentos de Chicago, por parte grupos que prefieren que ciertos alimentos suban de precio, sin importar que haya personas que mueran de hambre y eso nadie lo cuenta”.

Calaf puntualizó además que “el periodismo tiene que hacer visible lo que es invisible, y siempre ha habido fuerzas muy poderosas que no quieren que eso sea así, durante mucho tiempo fueron las influencias políticas, ahora hay un compromiso económico muy fuerte y evidentemente el control sobre lo que se cuenta o no se cuenta es muy superior”.

Finalmente para esta comunicadora afirmó que la salud de la información depende de los diferentes grupos e instancias sociales. “Los ciudadanos tenemos responsabilidad por no ser lo suficientemente activos y tener sentido crítico, pero también tenemos responsabilidad los periodistas que resistimos menos de lo que deberíamos resistir a esa ocupación de los medios de comunicación por toda esa serie de intereses, y tienen más responsabilidad las empresas periodísticas que son las que deberían trazar el objetivo, qué vamos a hacer y qué queremos conseguir y aún tienen mucha más responsabilidad los poderes públicos que son los que deben velar por el bien del ciudadano, por el interés público”.