Millennials vs Baby boomers, brechas digitales e información

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De izquierda a derecha: Bastian Manintvel, Florence Broderick, Antonio San José, Ángel Fernández Recuero y José María Álvarez Monzoncillo.

Por: Soraya Carvajal B.

¿Se interesan los Millennials por la política?, ¿Cómo se informan?, ¿Qué relación tienen con los medios de comunicación?, ¿cómo se adaptarán los Millennials a la empresa?, ¿Qué tipo de aspiraciones tienen?, ¿Quieren cambiar en mundo o sólo recorrerlo?, estas y muchas preguntas más surgieron en el debate “Millennials vs Baby boomers, brechas digitales e información”, realizado por la Fundación Telefónica.

El evento parte de la premisa de que los Millennials, es decir, aquellos nacidos después de 1980 y hasta 1998 son la generación llamada a asumir el liderazgo del mundo y por tanto la generación deseada por las empresas, por sus posibilidades de consumo. Mientras que los Baby boomers, nacidos entre 1946 y 1964, cuando tras la Segunda Guerra Mundial aumentaron las tasas de natalidad, y que durante décadas han mantenido el liderazgo económico y social, van dando paso a las generaciones más jóvenes.

Pero más allá del rango de edad, ¿qué se entiende por Millenial? Para Florence Broderick, strategic marketing manager en la unidad de Big Data de Telefónica, el espíritu Millennial se caracteriza por el deseo de viajar, por estar conectados permanentemente, por la vocación de emprendimiento, por estar obsesionados por la flexibilidad y el cambio, “pero especialmente por ser híper-impacientes”.

Bastian Manintvel, presidente ejecutivo de 2btube, hijo de Baby boomers holandeses “para quienes lo más importante era reconstruir el país y el mundo después de la segunda guerra mundial y cuyo principio básico era trabajar”; reconoce que gracias al trabajo de sus padres ha tenido muchas posibilidades de elegir y en su opinión los Millennials viven ciertas paradojas como que tienen más opciones, más acceso a la información, pero menos trabajo, menos posibilidades económicas y ciertas limitaciones en cuanto a seguridad, por el terrorismo. “Yo les veo inquietos, pero con falta de reconocimiento, porque pese a tener miles de amigos y seguidores en las redes sociales, no entienden cómo no pueden conseguir un trabajo, cómo no pueden avanzar en su vida laboral”.

A su vez, Ángel Fernández Recuero, cofundador de Jot Down Magazine fue crítico con la definición habitual sobre esta generación pues en su opinión el concepto Millennial está más relacionado con el uso de la tecnología, con la experiencia digital, con la inquietud por conocer cosas, que por el momento en que se nace, “no creo que tenga que ver con un tema generacional, sino con cuándo te ha llegado la oportunidad o la necesidad de utilizar la tecnología”.

Fuente: Pew Research Center
Fuente: Pew Research Center

Por su parte, José María Álvarez Monzoncillo, catedrático de Comunicación Audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos y coordinador del Informe Millennials, afirmó que no se puede diferenciar a dos generaciones por un año de nacimiento y que las generaciones no son homogéneas, sino que hay brechas culturales, educativas, sociales, económicas, de género y también digitales que marcan las diferencias. “Unos nacen con la televisión, otros con internet, hay muchas similitudes por ejemplo entre los Baby boomers y los hippies, y entre los Millennials e internet, mientras que con relación a la propiedad privada e intelectual hay muchas diferencias. Cada generación tiene una iconografía, unos símbolos, unos ídolos, una forma de vestir; los Millennials, por ejemplo, han roto con los mitos del pop, es una cultura remix que le da vuelta a todo”.

Quienes investigan acerca de la generación Millennial señalan que entre sus características distintivas están la inmediatez, el deseo de consumo y gratificación instantánea y por tanto la impaciencia. Este aspecto, según Broderick, incide para que ésta sea “una generación bastante deprimida porque después de estudiar una carrera universitaria, creyendo que vamos a tener un trabajo buenísimo, vamos a comprar una casa, etc., llegamos y vemos que no es posible comprar una casa con 30 años como hicieron nuestros padres, y estamos muy lejos de esos logros”. Frente a este panorama, Broderick considera que los Millennials se inclinan hacia las experiencias, hacia la cultura “Wanderlust”, aquella caracterizada por el deseo, la pasión por viajar, explorar el mundo, tener nuevos aprendizajes, conocer nuevas culturas, estilos de vida y comportamientos.

Por eso, la strategic marketing manager en la unidad de Big Data de Telefónica, señala que las empresas/organizaciones tienen el reto de enseñar a los Millennials a desarrollar la paciencia y “una de las maneras puede ser a través de las rotaciones, porque los Millennials queremos hacer y aprender de todo, por eso es muy difícil que seamos especialistas”

A su vez, el catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos considera que vivimos en una sociedad mucho más acelerada, más rápida, donde tendemos a quererlo todo inmediatamente, donde todo hay que hacerlo muy rápido, donde hay que consumir muy rápido y la tecnología incide en esa inmediatez. “Los Millennials son una generación más inquieta, se tiende a creer que como Millennial eres hiperactivo o autista, posiblemente en las generaciones anteriores también teníamos estas enfermedades, pero no había diagnóstico”.

Fernández Recuero, sin embargo, considera que la generación de los Baby boomers presenta mayores índices de depresión que los jóvenes actuales y, en su opinión, la inmediatez es una cuestión de recursos, pues a lo largo de la historia los privilegiados, aquellos que han tenido todos los medios necesarios han podido acceder con inmediatez a sus deseos, “lo que pasa es que ahora tenemos acceso a muchas cosas gracias a la tecnología”. Para el cofundador de Jot Down Magazine los Millennials viven el efecto Peter Pan, porque no han pasado por los roles vividos por los Baby boomers, que tuvieron hijos y responsabilidades más tempano, y por tanto sus posibilidades de ocio y de vivir la cultura son otras.

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Para Manintvel, quien dirige una compañía de gestión de contenidos digitales, los jóvenes de hoy trabajan igual que las generaciones anteriores, “son muy emprendedores y saben crear algo de la nada”. Este empresario cree además que la principal característica del público Millennial de contenidos digitales es la lealtad, “son seguidores muy fieles a esos contenidos, pero en el momento en que se aburren se van”.

Florence Broderick señaló también que los tres factores claves para el talento joven dentro del ámbito corporativo son: La experiencia internacional, que implica la posibilidad de viajar con el trabajo o de trabajar en equipos o entornos internacionales. El Liderazgo no vertical, con la consiguiente cultura empresarial moderna y flexible, y finalmente, contar con unos beneficios acordes a sus intereses.

Entre la generación Millennial tiene mucho auge la “economía colaborativa”, basada en la cooperación, la participación, el intercambio y la ayuda mutua para generar bienes o servicios, sin que necesariamente prime el beneficio económico.

En este contexto se enmarca el Contenido Generado por el Usuario (User Generated Content-UGC) y publicado en internet, especialmente en redes sociales y plataformas como YouTube, lo que implica una democratización en el acceso a la producción digital y en el acceso al mercado por vías menos convencionales. Pero este tipo de economía también enfrenta dificultades cuando aparecen empresas interesadas en monetizar esos contenidos producidos gratuitamente, pues los creadores corren el riesgo de terminar trabajando, sin ninguna remuneración para alguien que sí busca un beneficio económico.

Álvarez Monzoncillo, investigador de la generación Millennial, señaló además que es importante tener en cuenta que el mundo de la tecnología también está lleno de grandes intereses, de multinacionales y casi que, de monopolios, y advirtió sobre el riesgo de caer en la cíber-utopía. “Sí, hay más capacidad de empoderamiento, de organizar la protesta social con el uso de las tecnologías, porque el smartphone es un arma poderosa, pero también hay que pensar qué habría hecho Martin Luther King con un smartphone o cómo habría caído La Bastilla si hubiese habido redes sociales”.

El catedrático de Comunicación Audiovisual aseguró además que los Millennials están llamados a cambiar en mundo en tanto son jóvenes y deberán tomar el timón de la ruta, pero que la verdadera cuestión es si se puede hablar de tercera o cuarta revolución industrial “y los Millennials van a estar ahí porque son la gente joven y ser joven es un valor, pero también es un problema”.

Fernández Recuero, sin embargo, fue más crítico al señalar que quienes están haciendo los cambios no son los Millennials, quienes, en su opinión, “a veces acaban por defender una causa que no conocen, debido a la falta de reflexión, entonces tienen que venir Bauman o Chomsky a explicar lo que está pasando”.

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Datos, privacidad y responsabilidad

En el debate hubo un claro consenso en torno a que la cantidad, el volumen de datos y de información disponibles actualmente no lleva forzosamente a estar mejor informado y que el acceso a las tecnologías digitales implica cierta pérdida de intimidad o incluso exposición, debido a los datos que se dejan en el camino.

“La era de la abundancia de la información también tiene problemas y por eso no hay que generalizar, en España también tenemos Millennials ninis y el uso que hacen de la red es distinto que el de aquellos que la pueden utilizar para formarse, mejorar, competir…internet bajo la apariencia de que está todo, tiene usos completamente distintos”, indicó Álvarez Monzoncillo.

Frente a la polémica entono a la privacidad, a la huella digital que dejan nuestras conexiones, nuestros datos, para que las empresas o el Estado nos conozcan mejor, Ángel Fernández afirmó que paralelo a la híper-información se debe desarrollar la habilidad de la discriminación. “El que quiera informarse mejor deberá aprender a filtrar, analizar y acercarse a los sitios que le ofrezcan mejor información, pero hay un problema de cognición y es que los seres humanos tienen a rodearse de cosas que les son cómodas y que les dan razón en lo que ya se piensa, por eso aquí los profesores, los maestros, tienen un papel que jugar guiando para que la gente use la híper-información en su beneficio”.

Así mismo, el cofundador de Jot Down Magazine fue enfático al afirmar que “evidentemente yo prefiero vivir en esta sociedad donde mis datos pueden ser encontrados, a vivir hace 35 años en una sociedad donde no había libertades” y desde su punto de vista esto implica asumir la responsabilidad como usuario, superar la comodidad o el hedonismo y el hecho de pensar que es el Estado quien tiene que protegernos en todo momento.

Finalmente, en un mundo global y conectado permanentemente, donde crece el consumo de información a través de las redes sociales, donde el auge del emprendimiento es la respuesta a la escasez de oportunidades en el mundo corporativo;  donde en ocasiones el talento se impone a los estudios formales; donde muchos se sienten frustrados o impotentes ante una clase política que no los representa o ante el avance del cambio climático, el mundo Millennial vive un punto de inflexión, aún con muchas más preguntas que respuestas.

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Información: ¿periodismo o espectáculo?

Por: Soraya Carvajal B.

“El ciudadano debe preguntarse ¿a quién beneficia aquello que nos están contando los medios?”, esa es la recomendación que da la veterana periodista internacional y ex corresponsal de TVE, Rosa María Calaf, al público asistente a la charla “Información ¿periodismo o espectáculo?”, en la que la reconocida profesional reflexionó sobre la necesidad de contar con un periodismo plural, independiente y riguroso, “que esté al servicio de la sociedad”, pero también sobre la necesidad de que los ciudadanos asuman su compromiso y sentido crítico frente a los medios de comunicación, pasando de ser consumidores dóciles a ciudadanos responsables.

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Rosa María Calaf

Para Calaf es claro que hoy, la gente tiene mayor acceso a la información que nunca antes, tanto que ésta llega a convertirse en una verdadera “avalancha informativa”, aunque no necesariamente se trate de información de calidad.

“¿Los medios de comunicación en las democracias occidentales son libres?, ¿están al servicio de la mayoría?, ¿al servicio del ciudadano?, ¿reflejan la realidad o la maquillan a conveniencia de los intereses?, ¿o incluso llegan a inventarla?. Bueno, pues la respuesta es no. Los medios tienen una serie de restricciones e intereses”, opinó esta periodista.

En este sentido, Calaf considera que actualmente hay una clara decisión de marcar una agenda, “de establecer de qué hablamos y de qué no hablamos, pues, se habla de algunos conflictos, que interesan por determinadas circunstancias y no de otros; se habla de algunos conflictos durante algunos días y después desaparecen de las pantallas o los diarios, Por ejemplo en el Congo hay una estrategia de violaciones masivas de mujeres, o niños trabajando en las minas y de eso no se habla porque no interesa”.

Calaf afirma que la información es clave para tomar decisiones y afirma que “desde el albor de los tiempos el no dejar saber es una forma de controlar, porque si no sabemos no podemos actuar, o, tomaremos decisiones equivocadas sin querer”.

Para la periodista es claro que actualmente prima el criterio de “contar aquello que está acorde con los intereses de unos grupos mayoritarios”. Por eso asegura sin ambages que “los medios de comunicación hoy se han alineado con el pensamiento único que busca construir un tipo de sociedad de consumidores, de sumisos que siguen unas pautas que son las que le convienen a ciertos sectores, no de ciudadanos que piensan, de ciudadanos libres que deciden teniendo los conocimientos necesarios para tomar decisiones adecuadas, que no vayan en contra de sus propios intereses”.

Esta destacada comunicadora asegura que “hoy en día, la política está supeditada a la economía y desde la política, en vez de controlar a los mercados, se les protege (…) y los medios de comunicación al alinearse con esa idea no buscan la excelencia informativa, sino hacer sinónimo de éxito el dinero, la posesión de cosas y bienes, cuando lo verdaderamente importante es la persona; pero se quita a la persona del centro de interés, poniendo en su lugar a los bienes materiales”.

Sobre la transformación de los principios y objetivos de los medios de comunicación, Rosa María Calaf afirmó que “en un principio, los periódicos, “la gran prensa” tenían los nombres de sus ciudades en la cabecera, porque había una voluntad de servicio a la comunidad, evidentemente eran un negocio que buscaba tener beneficios para reinvertir e ir mejorando sus operaciones, pero no estaban centrados en enriquecerse a costa del producto que estaban vendiendo (…) La prensa y los periodistas tenían esa vocación de servicio, pero todo eso se pervirtió en el momento en que empezó a entrar el gran capital a los medios de comunicación y éstos se convirtieron una empresa más de grandes grupos que tienen de todo, fábricas de neveras, cadenas de hoteles, fábricas de armas, etc., y la operación de prensa pasó a ser una operación más, que tiene como objetivos la cuenta de resultados, se pasa entonces a otro estadio en el que se tiene una intención clara de manejar el flujo informativo”.

Calaf también advirtió sobre el papel que la tecnología está cumpliendo respecto a los procesos informativos, señalando que “si bien, la tecnología es una herramienta muy poderosa de conocimiento, de acercamiento a los demás, de libertad, de creación de espacio de discusión, que no tiene límites, también tiene la potencialidad del desconocimiento, la mentira y la falsedad, tiene la capacidad de instalar el rumor”, por eso desde su perspectiva es fundamental tener en cuenta que “la tecnología hay que ponerla al servicio de los contenidos y no los contenidos al servicio de la tecnología, porque si no, corremos el riesgo de, como se ha dicho, morir por el mal uso de la tecnología”.

Rosa María Calaf afirma que no puede jubilarse del periodismo, porque para ella sería como jubilarse de la vida.
Rosa María Calaf afirma que no puede jubilarse del periodismo porque, para ella, sería como jubilarse de la vida.

En este sentido, la comunicadora afirmó que “Twitter, por ejemplo, es una herramienta fantástica, pero querer hacer creer que porque uno lee los tweets está bien informado, no es verdad. La información es algo mucho más complejo, tiene que estar contextualizada, confirmada, contrastada, saber de dónde procede, saber quien la manda, por qué y para qué (…) La tecnología consigue hacernos creer que estamos informados, cuando estamos es entretenidos o a lo mejor, “info-toxicados”, además en la red se juntan la acumulación de información con la rapidez y cada vez hay menos tiempo para pensar y reaccionar”

Esa rapidez es para Calaf uno de los peligros que acecha al periodismo pues en su opinión “en el periodismo ahora se valora más la rapidez, la inmediatez, que en el rigor, o sea que todo vale, se cuelga cualquier cosa, así no se haya podido comprobar completamente y eso es terrible y se agrava por la difusión rapidísima que tiene cualquier cosa a través de la tecnología”.

La periodista señaló además que “hay un informe del Instituto Pew que habla de la excelencia en el periodismo y por ejemplo dice que nunca ha habido tantos corresponsales en el Estado de Washington, sin embargo nunca ha habido tan pocas exclusivas y trabajos de investigación. Entonces cabe preguntarse: ¿esos corresponsales tienen los medios, el tiempo, la información y la exigencia del medio para que verdaderamente puedan trabajar y profundizar para contar las cosas con rigurosidad? Pues realmente no, porque actualmente prima buscar el impacto sobre lo que realmente importa”.

Por eso, ante la creciente información sobre corrupción que está surgiendo en España, “con tan pocas sanciones sociales”, Calaf hace un llamado para que los medios también hablen de la “crisis de valores” que subyace en estos comportamientos.

Ruedas de prensa sin preguntas
Respecto a la tendencia creciente entre algunas figuras del actual gobierno español, de realizar ruedas de prensa a través de una pantalla de plasma y sin preguntas, Calaf opina que “es terrible, es completamente intolerable, pero eso también tiene mucho qué ver con el nivel de la calidad democrática de los países, en los países que tienen la democracia más asentada, que tienen una tradición democrática más antigua, es más difícil que ocurran ese tipo de situaciones.

Para Calaf esta modalidad de ruedas de prensa “indican una falta del respeto por el ciudadano, porque el periodista es el intermediario entre unos y otros, el político se debe al ciudadano y por tanto tiene que contestar a las preguntas de éste y el ciudadano hace sus preguntas a través del periodista, por tanto, no contestar preguntas en las ruedas de prensa, o ni siquiera estar en presencia física para que puedan dejar en evidencia que te están preguntando y tú no has contestado, es dejar a los periodistas en un papel de simple comparsa y por supuesto tomar a la ciudadanía por tonta, pues se deja en claro que ésta no tiene derecho a explicación alguna”.

Calaf reiteró que por situaciones como éstas, cada vez es más necesaria una prensa fuerte, independiente y plural, que no falsee ni manipule la información, “pero infortunadamente cada vez más, los medios de comunicación se están dedicando a repetir los comunicados de prensa de las empresas y, muestra de ello, es que en este momento hay más periodistas trabajando en gabinetes de instituciones, partidos y empresas, “creando información”, que periodistas buscando información…son datos objetivos que indican que algo va mal en la salud del periodismo”.

Discursos y grupos de presión
Para esta veterana periodista es claro que cada día los discursos dominantes y los grupos de presión ganan más terreno. “Evidentemente hay una serie de “expertos” que quieren hacernos creer una serie de cosas, por ejemplo que “no hay alimentos suficientes en el mundo para alimentar a toda la humanidad”, cuando eso es mentira, lo que hay es una mala gestión de los recursos y muchos intereses, porque el que suba el precio de los cereales no tiene nada qué ver con las cosechas, tiene que ver con la especulación en la Bolsa de Alimentos de Chicago, por parte grupos que prefieren que ciertos alimentos suban de precio, sin importar que haya personas que mueran de hambre y eso nadie lo cuenta”.

Calaf puntualizó además que “el periodismo tiene que hacer visible lo que es invisible, y siempre ha habido fuerzas muy poderosas que no quieren que eso sea así, durante mucho tiempo fueron las influencias políticas, ahora hay un compromiso económico muy fuerte y evidentemente el control sobre lo que se cuenta o no se cuenta es muy superior”.

Finalmente para esta comunicadora afirmó que la salud de la información depende de los diferentes grupos e instancias sociales. “Los ciudadanos tenemos responsabilidad por no ser lo suficientemente activos y tener sentido crítico, pero también tenemos responsabilidad los periodistas que resistimos menos de lo que deberíamos resistir a esa ocupación de los medios de comunicación por toda esa serie de intereses, y tienen más responsabilidad las empresas periodísticas que son las que deberían trazar el objetivo, qué vamos a hacer y qué queremos conseguir y aún tienen mucha más responsabilidad los poderes públicos que son los que deben velar por el bien del ciudadano, por el interés público”.